martes, 25 de mayo de 2010

Ana Patricia Moya Rodríguez



Mencionada por:
Andrés Ramón Pérez Blanco "El Kebran" 
Ángel Muñoz “Voltios”
Pepe Pereza 

Menciona a:
Agustín Fernández Mallo
Luis Amézaga
Pepe Pereza
Pablo Morales de los Ríos
Rafael Infantes
María Luisa Fernández
Patxi Irurzun
Andrés Ramón Pérez Blanco
Óscar Varona
Daniel Sergio Pulido
Jorge Carrión
Cristina Peri Rossi
Ana Pérez Cañamares
Carlos Salem
José Ángel Barrueco
Carlos Ardohain
Vicente Muñoz Álvarez
Esteban Gutiérrez 

También le gusta leer a:
Leo todo lo que cae en mis manos, sean libros de autores clásicos, actuales, o cómic. Me han marcado los consagrados, como Lolita (Vladimir Nabokov), Los Infortunios de la Virtud (El Marqués de Sade), La Peste (Albert Camus), El Libro del Buen Amor (Arcipreste de Hita), La Celestina (Fernando de Rojas), La Casa de Bernarda Alba (Federico García Lorca), El Principito (Antonie de Saint-Exupery), Poemas en prosa \ El Spleen de Paris (Charles Baudelaire), los relatos de Franz Kafka y Virginia Woolf, los poemas de Emily Dickinson, Alejandra Pizarnik y Anne Sexton; las obras contemporáneas, como Los Pilares de  la Tierra (Ken Follet), Libros de Sangre (Clive Barker), La Casa de los Espíritus (Isabel Allende), Las Cenizas de Ángela (Frank McCourt), El Cartero (Charles Bukowski), la poesía de Jorge Riechmann, Antonio Orihuela, Luis Alberto de Cuenca, Miriam Reyes, Isla Correyero, Luis Melgarejo, etc; y la novela gráfica, como Box Office Poisson, de Alex Robinson, Como un Guante de Seda Forjado en Hierro, Ghost World y las historietas cortas de Daniel Clowes, Romances de Andar por Casa, de Carlos Giménez, Contrato con Dios, de Will Eisner, los relatos de Osamu Tezuka y Yoshihiro Tatsumi, etc.

Bio-bibliografía
Ana Patricia Moya Rodríguez (Córdoba, 1982). Estudió Relaciones Laborales y es Licenciada en Humanidades por la Universidad de Córdoba. Ha trabajado como arqueóloga, profesora de clases particulares, joyera, informática, investigadora de libros antiguos, etc. Actualmente, estudia Master en Textos, Documentación e Intervención Cultural, es pluriempleada y directora \ editora \ coordinadora de Groenlandia, Revista de Literatura, Opinión y Arte en general. Ha publicado un poemario, titulado “Bocaditos de Realidad” (Groenlandia, primera edición del 2008; próximamente, la segunda para el 2010), y en breve, publicará un libro de relatos, “Cuentos de la Carne”. Sus poemas y relatos han aparecido en diversos fanzines y revistas, impresas y digitales, de España e Hispanoamérica, así como en diversos blogs. Participa en la Revista de Literatura Internacional La Más Medula y ocasionalmente en la página Web de la revista Andalocio. Obtuvo un accésit en un Concurso de Relatos Internacional. Ha participado en los Talleres Literarios de Creación Eutopia 2007, Festival de la Creación Joven de Córdoba, impartidos por Espido Freide, Juan José Millas, Andrés Neuman, entre otros escritores. Algunos de sus poemas han sido publicados por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid en sus diversas antologías. Sus poemas han sido traducidos al inglés, al catalán y al italiano. Tiene su espacio en Las Afinidades Electivas. Posee libros de poesía y relatos inéditos. Ha aparecido en tres antologías digitales: “Esnifando Letras” (poesía y narrativa), “Póker de Reinas” (poesía) y “Anuncios (Des)clasificados II” (narrativa). En breve, aparecerá en tres antologías literarias impresas, dos de poesía, y otra de narrativa, y algunos de sus textos, aparecerán en plaquettes. Actualmente, participa en dos proyectos de antologías poéticas mexicanas, españolas y chilenas.

Poética
Escribo poesía porque soy pobre (mis sueldos no dan para pastillitas de la depresión). Escribo relatos porque me encanta.


Relatos 

Bragas 
Abro los ojos, perezosa. Me encuentro nuestras bragas encima de la mesita de noche, los sujetadores y el resto de la ropa tirada por el suelo de mi cuarto. A mi lado, está ella, durmiendo, respirando rítmicamente; me gusta mirarle cuando duerme, pero jamás lo confesaré. Me levanto, me pongo una bata y me voy a la cocina. A mi regreso a la habitación, con una taza en la mano, me la encuentro de píe, frotándose los ojos y estirándose. Yo me apoyo en la pared, la observo, en silencio, con curiosidad lujuriosa: es cierto que no tiene un cuerpo espectacular, pero para mis ojos es una mujer bellísima a pesar de su estatura, su barriguita y sus marcadas estrías. Sus imperfecciones me resultan de lo más erótico. Ella me gusta, y lo sabe; me sonríe y comienza, muy coqueta, a vestirse. Le ofrezco quedarse en la cama todo el día si quiere… ella dice no. Le invito a almorzar fuera con unos amigos… y rechaza la oferta… no sé por que me molesto en insistir con insinuaciones porque siempre obtengo un no por respuesta… pero bueno… la fuerza de la costumbre, quizás. Termina de arreglarse, le da un sorbito a mi café, me besa y prometemos vernos la noche del próximo sábado. Con el portazo de despedida, me siento en la cama. Aspiro fuerte por la nariz: su aroma se mezcla con el de la taza. Sí: es una egoísta. Va a lo que va. Sexo… todo es sexo. Estuvo claro desde el principio. A pesar de que llevamos acostándonos meses, somos desconocidas. El roce no hace el cariño, sino el placer. Ella se limita a abrirse de piernas y evitar abrir su corazón. Sí… es egoísta… muy egoísta… pero, pienso, que yo también soy egoísta por pretender quererla.

(Relato de “Nosotras”, inédito) 


Estigmas 
Acudo todos los domingos a la Iglesia, pero yo odio las iglesias: si asisto es para acompañar a mi anciana madre, devota creyente cristiana hasta la médula. Nos sentamos en primera fila para rezar. Mamá repite las palabras del párroco del barrio, recita de memoria las oraciones; yo agacho la cabeza, mantengo la boca cerrada y no me muevo de mi sitio. Me cansa la reiteración de la bondad de Dios, de Jesucristo y de todos los santos. Me cansa tanta hipocresía. Cuando la misa termina, observo con recelo el sangriento crucificado de la pared y al cura, que me sonríe y clava sus grandes y arrugados ojos grises en los míos. La calumnia más triste del mundo estaba allí, junto al hombre del alzacuello: ése era Cristo, ese supuesto ser que ayuda a los inocentes pero que no me ayudó a mí cuando el puto cura me acariciaba la entrepierna antes de comenzar las clases de catequesis. Y mamá, cuando nos vamos de aquel maldito edificio, no se percata de cómo me despido del testigo impasible de mis estigmas, balbuceando en voz muy baja palabras blasfemas mientras aprieto mis puños de pura rabia.  

(Relato de “Fábulas Urbanas”, inédito) 


María y Antonio 
María recibía todos los días un ramo de rosas rojas y blancas en su habitación. Cuando llegaba Antonio, la chica se lo comía a besos. Pero las flores no las mandaba él: se las enviaba su mejor amiga, la mujer con la que se acostaba su novio desde que María ingresó en el Hospital. La amante se sentía culpable por traicionar su confianza, por ser la sustituta de un niñato caprichoso. Y Antonio lo sabía todo, pero prefería callar y abrazar a María en la planta de oncología.

(Relato de “Sobre el Amor y sus Miserias”, inédito) 


Un trato 
Fran y Ana hicieron un trato: si él quería practicar sexo anal, tendría que dejar que ella también le diera por detrás. Y así hicieron: primero fue él, y luego, Ana, armada con veinte centímetros de polla artificial. Al llegar la mañana, ella ya se había marchado, pero se dejó olvidado el arnés y el miembro de látex. Fran se apresuró a tirarlo todo. Le invadió la vergüenza: sintió placer. Pero él no era ningún mariquita. Respiró más tranquilo cuando vislumbró por su calle el camión de la basura que, en cuestión de minutos, se llevaría el secreto de su hombría violada.


La poetisa 
- Toma – la chica se acerca al muchacho y le ofrece un trozo de papel.
- Oh, vaya… - es un poema, escrito a mano - ¿Para ligar escribes poemas, nena?
- Sí… - responde la poetisa, satisfecha y orgullosa.
- Cariño, me da asco la poesía – el chaval convierte el detalle en una bola de papel arrugada y la tira al suelo – Ábrete de piernas mejor: tu coño es el mejor poema que me puedes ofrecer.

(Relatos de “Cuentos de la Carne”, publicación en breve)

©ANA PATRICIA MOYA RODRÍGUEZ

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