viernes, 5 de febrero de 2010

Marina Fernández Bielsa


Mencionada por:
María Zaragoza  

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También me gusta leer a:
Siri Hustvedt, Paul Auster, Budd Schulberg, William Maxwell, Carmen Martín Gaite, Luis Cernuda, Jaime Gil de Biedma, Borges, Cortázar, Salinger, Cheever, F.S. Fitzgerald, Bukowski, Herman Hesse. 

Bio-bibliografía
Marina Fernández Bielsa nace en Madrid el 15 de abril de 1974. Es licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid.
En 2001 gana el XVI Concurso de Cuentos de las Bibliotecas Públicas de Madrid. En 2004 resulta ganadora del Concurso Literario de Talleres Literarios Pandora organizado con motivo de la Feria del Libro por la Escuela de Escritores de Madrid. Colaboradora literaria de la revista Muchoviaje desde enero de 2006, donde se han publicado varios de sus relatos. En agosto de 2009 publica el relato Madrid, verano de 2009 en la revista virtual Calidoscopio.
En 2009 participa en el libro de relatos Camarote 503. Dieciséis historias desde el Bremen (Editorial Mandala/Lápiz Cero).
Su novela Los patos de Central Park quedó entre las tres finalistas del Premio Ateneo Joven de Sevilla en 2009.
Es autora del blog  http://areaddescanso.blogspot.com 

Poética
Escribo por placer. Por necesidad de comunicar. De compartir. Porque disfruto. Porque no puedo evitarlo. Por sacar lo que llevo dentro. Porque me apetece.
Me interesan las emociones, las relaciones humanas, los pequeños secretos y misterios que todos escondemos, lo que subyace en los actos cotidianos.
Me gusta observar, imaginar, psicoanalizar. Escudriñar la realidad y tratar de darle un sentido a lo incomprensible, lo azaroso, lo casual, lo extraño, lo inexplicable.
Escribo sobre el peso del pasado y las expectativas sobre el futuro, los dos pilares que condicionan el presente, lo que nos pasa (o no). 
Me interesa la psicología de los personajes.
No me gusta la prosa enrevesada ni plagada de adjetivos.
No escribo novela histórica ni de aventuras ni de ciencia-ficción. 


Texto

     LA ÚLTIMA NOCHE

    De esta noche no pasa, piensa Lucía, pero sabe que le falta el valor. Mira por la ventana y el odio regresa junto al mismo paisaje aburrido de ropa tendida. Los tangas de colores de la estudiante de enfrente le recuerdan que hace no tanto ella también fue joven, que tuvo amantes y tal vez otros sueños. No estos de ahora, sueños en blanco, insomnio maldito de nunca descansar. Alerta de día y de noche, y la calma cuándo. Un perro ladra y a ella le vuelven las ganas de matar, de ahogar esos aullidos que nunca cesan. El patio abajo, la tentación y el vértigo del ya nunca más. Parece fácil pero no lo es. Luis está a punto de llegar del trabajo y hace tiempo que Lucía no le espera. Se agotaron las ganas de tener la casa limpia, los platos fregados, la ropa recogida. Y los vestidos nuevos, y la mirada de rimel, y la sonrisa disparada en rojo. Ahora las colillas abandonadas en los ceniceros pudren el aire y las marcas de las patadas en las paredes que no se borran. La ceniza ha prendido en las cortinas, siempre echadas para que nadie vea. De puertas para adentro cada casa es un universo de impunidades. Lucía desearía hacer un nudo con sus pensamientos y atarlos bien fuerte, hasta dolerle las manos, los nudillos blancos de tanto apretar, y arrojarlos al retrete hasta verlos desaparecer en un remolino de agua revuelta con olor a pino. En vez de eso bebe otro trago de vino áspero y enciende un cigarro. El último, se dice, y no le importa mentirse una vez más.
    Hay tardes en las que Lucía imagina que estudia en la universidad. Que acude por las mañanas a la facultad con libros bajo el brazo o en un bolso grande y una carpeta hinchada con hojas llenas de apuntes de letra ilegible que no siempre entiende. Se ve sentada en un pupitre en un aula luminosa con grandes ventanales y al otro lado un césped con árboles. Se siente feliz e importante, orgullosa de no estar malgastando su vida, haciéndose una mujer de provecho. Una mujer culta, que lee libros en el metro y va al cine sola, a la primera sesión, a ver películas con subtítulos en idiomas que no entiende. Es un sueño falso y feliz que conjura la tristeza, a veces nostalgia y a veces rabia, fantasma siempre, de un pasado inventado y de un futuro que no será.
    No será, no, no después de esta noche. Los deseos de Lucía son espuelas en las tripas y Luis nunca está en ellos. Pero la realidad es más fuerte, la realidad ata con cuerdas que queman las muñecas y hacen sangrar las uñas cuando se clavan en la piel ajena. La realidad son las tardes que se hacen noche y el silencio o el grito pero nunca la palabra. La realidad es el pelo sucio y revuelto, los mechones de cuajo en la almohada ahogando los gemidos, el golpe opaco que duele menos que la indiferencia de después. Porque después Luis se queda dormido siempre, con la tranquilidad de los hombres sin conciencia. Parece más joven, es otro y distinto, sin los ojos desviados, sin la lengua doble y los dientes de mentira. La respiración pausada no destila alcohol y la brutalidad desaparece de sus manos apretadas. Lucía no duerme y le mira sin reconocerle, latiéndole en los ojos y quemándole entre los muslos. Porque después del frío Lucía busca el calor de la piel dormida de Luis y se aferra a su tronco para no terminar de hundirse. Las heridas laten y es cuando ella se siente más viva. Mira fijamente los párpados cerrados, la boca semi abierta, la nariz que exhala ronquidos y quiere odiarle pero no le sale.
    Esta noche es la última, se dice. Trata de dormir y no puede, pero ya ni lo intenta. La madrugada es una espera blanca, hasta que Luis se levante al alba. Después sí, vendrá la mañana y con ella el sueño y después el día largo. Pero el valor no, el valor nunca viene. No viene el valor para marcharse ni para huir. La vida de Lucía es la espera de lo que no va a llegar, la espera de una última noche, de la última noche con Luis.

3 comentarios:

Marina dijo...

Gracias, Sergio por esta iniciativa. Y a María Zaragoza por nombrarme. Un placer participar.

Portorosa dijo...

Qué sorpresa, todo, Marina (el sitio, tu historial), y cuánto me ha gustado el cuento.

Y gracias, claro.
Un beso.
Un saludo a Sergio y compañía.

LUISA M. dijo...

Marina, me ha gustado mucho este relato tuyo aunque deja un sabor amargo. Llegar hasta aquí me ha permitido además conocerte un poco mejor después de leer tu reseña bio-biliográfica.
Adelante y suerte. Besos.
Felicidades a los creadores del blog por esta interesante iniciativa. La agrego a mis enlaces para visitarla en posteriores ocasiones.

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