lunes, 22 de febrero de 2010

José Luis Muñoz




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También le gusta leer a:
Malcom Lowry, Thomas Mann, William Faulkner, Erskine Cadwell, Franz Kafka, Jack London, Edgar Alan Poe, Charles Bukowski, Robert Louis Stevenson, Fedor Dostoievski, William Sommerseth Maugham,  Knut Hamsun, Guillermo Arriaga, Hertha Müller, J.M. Coetzee, Elfride Jelinek, Thomas Bernard, Milan Kundera, Michel Houellebecq, ... 

Bio-bibliografía
José Luis Muñoz nació en Salamanca en 1951 pero ha vivido siempre en Cataluña. Su carrera literaria se inició en 1985 y, desde entonces, ha publicado veinticinco libros, tres de relatos y el resto novelas, buen número de ellas de género negro.
Sus libros publicados son El cadáver bajo el jardín (Júcar, 1987), Barcelona negra (Júcar, 1987), Los ojos ajenos (Ayuntamiento de Toledo, 1988), El Barroco (Plaza & Janés, 1988), Serás gaviota (Ayuntamiento de Toledo, 1989), La casa del sueño (Laia, 1989), La lanzadora de cuchillos (Icaria, 1989), Pubis de vello rojo (Tusquets, 1990), Mala hierba (Grupo Libro 88, 1992), El final feliz (Ayuntamiento de Alcorcón, 1993), La malformación de R. Melic (El Brocense, 1994), La precipitación (CIMS, 1999), Una historia china (Ekoty, 2000), Lifting (Algaida, 2001), Guanahaní (Planeta, 2001), Fuerte Navidad (Planeta, 2002), Caribe (Planeta, 2002), El sabor de su piel (Alfadil, 2004), Lluvia de níquel (Algaida, 2004), Los ritos ajenos (Ayuntamiento de Jumilla, 2005), Último caso del inspector Rodríguez Pachón (Algaida, 2005), Viajeros de sí mismos (Brosquil, 2006), La caraqueña del Maní (Algaida, 2007), El mal absoluto (Algaida, 2008), El corazón de Yacaré (Imagine, 2009). En 2010 publicará  La mujer ígnea y otros relatos oscuros.
Está en posesión de algunos de los premios más prestigiosos del panorama literario español como son el Tigre Juan, Azorín, Café Gijón, La Sonrisa Vertical y Camilo José Cela, entre otros, y ha publicado numerosos artículos de opinión y reportajes en los diarios El Sol, El Observador, El Independiente, El Periódico y en las revistas Interviú, Playboy, Penthouse, GQ, Cinemanía, DT, Viajes National Geographique, Nómadas y Traveler. Tiene un blog en la red que se llama La soledad del corredor de fondo.

Poética
El escritor suele trabajar en solitario, delante de su máquina de escribir, pantalla de ordenador o empuñando su pluma de ganso.
El escritor es un corredor de fondo cuyo aliento se ahoga con la última página que escribe. Cada libro es una carrera.
El escritor suele ser narcisista, egocéntrico y vanidoso.
Yo procuro escribir de noche, en estado sobrio, sin tabaco, en absoluto silencio.
Mucho antes de que empezara a publicar escribí un relato premonitorio que se tituló "Crítica del crítico y muerte del mismo".
Uno de los peores momentos que recuerdo es cuando leí "Ulises" de James Joyce. No lo volveré a hacer.
El escritor aspira, con cada libro, dejar una huella en el lector. Si un libro produce indiferencia, mejor no haberlo escrito.
Me gusta mucho una frase de Borges que me repito mentalmente cuando repaso la librería de mi casa: "Con cada libro deberían vender el tiempo para leerlo".
Escribir es una patología que está aceptada socialmente. Ahorra facturas de psicoanalistas.


Texto

LA PISTOLA
(Relato perteneciente al libro La lanzadora de cuchillos y otros relatos eróticos, Icaria, 1989)

El frío. La débil lluvia. El hombre contra el árbol. Nadie le ve. El hombre se acerca a la puerta. El interfono. La lluvia sobre la gabardina, moteándola. El dedo pulsando el botón. La espera. La lluvia. El frío que hace que se remueva dentro de sus zapatos, que dé saltos, que se suba las solapas de la gabardina hasta casi cubrirse las orejas. ¿Quién? Soy yo. La estridencia de la puerta de la calle abriéndose. El portal oscuro. Los ojos que casi enseguida se habitúan a la penumbra. La ascensión. Contando los escalones. El primer rellano. El segundo. Se detiene. Boquea. ¿Por qué no vivirá en un piso más bajo? El tercer rellano. La puerta está abierta. Entra. La cierra con suavidad. Con suavidad avanza por el oscuro pasillo hacia la luz del fondo. El dormitorio. Una lámpara roja sobre la cómoda. Desorden en el suelo, ropa interior, faldas, blusas amontonadas caprichosamente. Ella en la cama, medio dormida, envuelta en las sábanas, que entreabre los ojos. ¿Qué vienes a hacer a estas horas? Mañana trabajo. Tengo sueño. No habla, se desnuda. Piernas extrañamente peludas. No se desanuda el nudo de la corbata, simplemente lo afloja. La camisa sobre el respaldo, como la gabardina húmeda, y luego la camiseta y los calzoncillos. La pistola en su funda, colgando de la silla. El hombre se acerca. La mujer se vuelve, gruñe. La sábana discurriendo hacia los pies de la cama. La mujer desnuda, rolliza, envuelta en cálido olor animal. La toca. Las nalgas, los senos, la vulva, hasta despertarla. La lame. La boca, las nalgas, los senos, la vulva, hasta excitarla. Ven, idiota, ven. Entra. La luz rojiza casi no los ilumina. Dos sombras haciendo el amor bajo un techo estrellado de planetas artificiales. Jadean sordamente. La penetra. Se deja penetrar cerrando los muslos con fuerza sobre su pene, lamiéndole mientras tanto la nariz, las comisuras de los labios, los párpados, pellizcándole las tetillas. Vamos, llega. Y llega. Se convulsiona en su interior, se tensa todo él, se concentra en la punta de su miembro que derrama su cálido néctar en la hospitalaria vulva. ¿Qué tienes en la espalda? No es nada, un cardenal. ¿Ella? No, un tipo peligroso al que iba a detener, un senegalés; me rozó con un cuchillo. Se desacoplan. Él siempre con cuidado de no manchar las sábanas, tomando el camino del cuarto de baño que tan bien conoce. Los pies descalzos sobre el suelo. El agua del lavabo corriendo sobre su miembro. Orina, siempre va bien orinar después de hacer el amor, te limpia por dentro. ¿Y el whisky? En su sitio. La botella. El vaso en la mano. La habitación de la luz rojiza. El whisky borboteando en el interior del vaso. El vaso vaciándose entre sus labios. La funda de la pistola vacía. La pistola allí, entre las piernas, entrando en su vulva. Ella mirándole con expresión de placer, hundiéndosela hasta la culata, removiéndose, acariciándose los senos con la mano  libre, mordiéndose los labios. La mira, desde el arco de la puerta. ¡Estás loca! Se llena otro vaso de whisky. Ella comienza a gritar mientras la pistola entra y sale de su vulva con gran violencia. Eso, eso es lo que yo siempre he querido. Me estoy muriendo de gusto. Se está muriendo de gusto. El estampido. La habitación se llena de humo. Huele a pólvora y sangre. Sangre entre sus piernas, empapando las sábanas que él tan cuidadosamente ha evitado manchar. Huele a carne quemada. Y la pistola permanece en el interior del cuerpo, como proporcionándole el último placer en su estertor. Deja el whisky, deja el vaso. No se acerca, no la toca. Entra en silencio en sus slips, en sus pantalones, se pone rápidamente los calcetines y los zapatos, introduce su corbata en un bolsillo de la americana. El pasillo en penumbras. La puerta abriéndose suavemente. Descender. Un rellano, dos rellanos, tres rellanos. La calle. La calle vacía, nadie le ve. Él es un fantasma corriendo a refugiarse en la noche. Llueve.

2 comentarios:

Sílice dijo...

¡Hola, José Luis!
Tu relato muy bueno. Tus reflexiones también aunque no estoy de acuerdo con todas ellas, ojalá algún día tengamos un rato para "diseccionarlas" juntos, tomando un té.

Un abrazo y encantada de coíncidir contigo por aquí.
Inma

Fernan dijo...

¡José Luis Múñoz! ¡Ostras el autor de los Viajes de Carla de la revista Penthause! Me encantaban esos relatos. En aquella época yo era muy joven, pero por alguna razón que no comprendía me gustaban más los cuentos de Carla, que cualquier otro relato erótico de otras revistas. Claro que más tarde comprendí que no estaban ni la mitad de bien escritos.
Este nuevo cuento está estupendo. Con imaginación, y con un ritmo que hace que lo leas de un tirón. Me ha recordado mucho a aquellas viejas historias. No se que opinión le quedará de aquellos trabajos, pero para para alguien como yo, un amante de los viajes, las aventuras, los lugares exóticos y las mujeres hermosas,"Los Viajes de Carla" nos iban que ni pintados.
Con gran admiración
Fernando.

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