lunes, 1 de febrero de 2010

Álex Chico


 
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También lee a:
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Nota biobibliográfica
Álex Chico (Plasencia, 1980). Licenciado en filología hispánica por la Universidad de Salamanca, obtuvo el Diploma de Estudios Avanzados de literatura en la Universidad de Granada, con un estudio sobre la relación entre el cine y la literatura en el primer tercio del siglo XX. Actualmente prepara una tesis sobre la obra de José Antonio Gabriel y Galán. Es profesor de lengua y literatura en un instituto de Barcelona. Ha publicado el poemario La tristeza del eco (Editora Regional de Extremadura, Mérida, 2008), y las plaquettes Nuevo alzado de la ruina (Vebo Blues Ediciones, Salamanca, 2005) y Las esquinas del mar (Vitolas del Anaïs, Granada, 2004). Ha ejercido la crítica literaria en diversos medios (Falsirena, La prensa de Zamora) y publicado sus relatos y poemas en diferentes revistas y editoriales (Papers de Versàlia, Letra Clara, Contra Tiempo, Papel Salmón, La plaza humana, Nadadora). Es autor de la novela Telón de fondo. Codirige, junto con Sergio Sastre, la Revista de Humanidades Kafka. 

Poética 
Escribir es defenderse del lugar que se habita.
*
Metafóricamente, la escritura cumpliría la labor de una ventana, en el extremo de una habitación vacía. Su función, prevenir y la vez exponer ese espacio en penumbra.
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La literatura es un diálogo con lo que ya no somos, con lo que fuimos.
*
Tanto el lector como el escritor han elegido ser el Minotauro, no Teseo. Optan por recluirse en un pequeño espacio, un territorio oscuro y solitario plagado de callejones, muchos de ellos sin salida. El hilo de Ariadna es su único vínculo con la realidad.
*
La escritura es, al final, un pequeño ejercicio de resistencia. Una respuesta a esos sapos reales en jardines imaginarios.
*
La creación literaria supone una particular caída al vacío. La función de la literatura sería trasmitir lo que encuentra en ese descenso.


Textos

Cinco momentos en la vida de un escritor de posdatas

I
El escritor de posdatas admitió, en una ocasión, que no podía leer antes de irse a dormir. Su hora de lectura (no leía más de una hora al día) coincidía justo al despertar. Le preguntamos por el motivo de tal inclinación, y nos respondió: Si leo a primera hora de la mañana, aún tengo todo el día para interpretar lo que he leído. En cambio, si leo por la noche, no tengo tiempo para juzgarlo de forma consciente. Y no me atrevo a que sea el sueño el que tome las riendas de la trama.
A mí, entonces, aquello me pareció una simple y vulgar paradoja.

II
Sobre un tema de Maurice Blanchot
Al escribir, ¿nos hacemos legibles a los demás e indescifrables a nosotros mismos?

III
Una vez le pregunté al escritor de posdatas a qué se refería cuando hablaba de crear un personaje que fuera un pirata literario. ¿Un ladrón de historias? En absoluto, respondió el escritor, no se trata de un personaje que robe historias ajenas. Como sabes, siguió diciendo, es un personaje que sólo ve por un solo ojo, porque uno de ellos lo tiene tapado. Pues bien, ese ojo con parche es el que le permite observar lo que pasa. Su escritura se limita a describir esa oscuridad.

IV
Mi única originalidad consiste en pasar como propias citas ajenas. En eso reside mi habilidad literaria: en que el lector piense que he sido el primer escritor en decirlas.

V
En un congreso sobre el personaje literario, alguien le preguntó al escritor de posdatas qué función tenían los personajes de sus novelas. Respondió, más o menos, lo siguiente:
Su única motivación es la de ser capaces de saltar la delgada línea roja que les separa de sí mismos. ¿En qué consiste ese salto?, pueden preguntarme. Se trata, básicamente, de que consigan llegar a la otra orilla.
Uno de los asistentes comentó si eso mismo podía ser una invitación a la huida. Y el escritor de posdatas contestó, más o menos, lo siguiente: No es sólo eso, mis personajes aspiran a ser más ambiciosos. No tratan de abandonar su trabajo, o su familia o sus amistades. Lo que tratan es de no volver a casa a la misma hora, perdiéndose por la ciudad toda la noche, sin seguir un rumbo fijo ni un mismo camino de vuelta. Y aun así pretenden ser capaces de volver al trabajo al día siguiente, sin la sensación de que esa experiencia nocturna les haya cambiado la vida.

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